La esperanza Cristiana.
La esperanza es, un faro iluminando al mundo,
un libro esperando ser leido, un trino de torogoz eterno,
un vivir sonriendo, un vivir soñando[1]
La mayoría de los autores piensa al ser humano como un ser-en-esperanza. El hombre es un ser de deseo. El deseo es “síntoma de ausencia y motivo de búsqueda y acción”[2]. El deseo, la fantasía creadora, la imaginación, nos revelan que el ser humano busca incansablemente el sentido de su vida superando lo inmediato y, con todo, abriéndose al futuro. Consciente de sus límites, de su finitud, “el hombre se capta en el presente como inconcluso, como inacabado, en camino hacia una plenitud ausente, presentida en el claroscuro del presente”[3]. Con todo, al hombre no le cabe sino esperar. La esperanza llega a ser así un principio de la vida humana y del cosmos.
Pero ¿Qué es la esperanza Cristiana? Reflexionemos apoyandonos en algunos documentos eclesiales. Nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI en su reciente encíclica “Spes Salvi” establece que la esperanza es fe y despues redención, la esperanza, dice: “nos ha sido dada, es un don, es fiable y se equipara a la fe[4]. En el Catecismo encontramos que la esperanza es: “una virtud que equivale al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre”[5]. Tenemos entónces que la esperanza es tensión hacia algo que aún no ha llegado, pero que representa una seguridad en el presente de que llegará; en nada se trata de una vana ilusión, sino está fundamentada como decía San Agustín en ese deseo inquieto del hombre, y que es capaz de seguir presente a pesar de las contrariedades del tiempo. La esperanza es el ancla del alma segura y firme. Tenemos entónces que la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios (Cfr. Rm. 15,13), el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo, hasta el total cumplimiento (cfr. Jn 13,1; 19,30) y solo la experimenta aquél que es capaz de levantar su vista más alla de lo que los propios ojos le presentan, la esperanza es la fuerza de la resurrección haciendonos salir, ya desde ahora de nuestra muerte; “hemos sido salvados en la esperanza” (Rm. 8,24)
